Dentro de una semana llegaría el primer pedido de aumento al municipio. En tanto, hay diferencias entre el Ejecutivo y los usuarios sobre la calidad del servicio durante marzo.
El efecto inflacionario llevó a las empresas prestatarias del servicio de ómnibus Plaza y Rastreador Fournier a revisar la tarifa, que se mantiene en 2,40 pesos desde diciembre pasado, pese a que las compañías habían solicitado, ya en julio de 2010, que el costo sea de 2,60.
El impacto rondaría entre 30 y 60 centavos por pasaje, dependiendo si se contempla, además de la cobertura de los gastos operativos, la futura renovación de la flota.
Allegados a la firma Plaza aseguraron que la empresa comenzó a evaluar el valor de la tarifa a principios de marzo, cuando se inició el ciclo lectivo, y que prevé impulsar modificaciones que le permitan mantener los niveles de rentabilidad previstos.
En tanto, desde Rastreador Fournier, Adrián Schargrodsky anticipó que, en aproximadamente una semana, la empresa le pedirá a la Municipalidad que emita un estudio de costos actualizado y que, a partir de ese resultado, busque recomponer la ecuación económica mediante el aumento del valor del viaje, la entrega de un subsidio o algún otro mecanismo compensador.
«Somos consientes de que la ecuación económica no está en su punto de equilibrio. Nosotros ya tenemos nuestros números, los cuales estamos terminando de afinar», señaló.
Para terminar de definir qué valor debe tener cada pasaje, la empresa espera conocer si, a nivel nacional, se dispondrán ajustes salariales para los choferes de ómnibus o subsidios provenientes de Nación, que podrían incidir considerablemente en el valor de la tarifa.
«Hoy por hoy es bien tangible para la empresa la necesidad de un cambio en la ecuación económica. Así como hay una dinámica de costos positiva en todos los rubros, el transporte no es ajeno a ello y, por esa razón, hoy estamos ante una relación costos-ingresos que demanda una recomposición», expresó.
Schargrodsky dijo que es necesario tutelar permanentemente la relación entre los ingresos y los costos, para preservar el servicio.
«En Bahía Blanca cuesta mucho mantener la tarifa en valores que resulten simpáticos para la gente, porque la cantidad de pasajeros por kilómetro recorrido es muy baja. Por eso, en la comparación con otras ciudades, siempre sale perdiendo», agregó.
