
Por: Vanesa Alaguibe: No es un titular para celebrar ni para consumir rápido. Es un hecho que obliga a frenar y pensar. Cuando una potencia decide avanzar sobre otro país, intervenir, imponer, llevarse decisiones por la fuerza, no importa el nombre del territorio ni quién esté en el poder.
Lo que está en juego no es una persona. Lo que está en juego es un límite. Y cuando los límites se corren, lo que aparece es la incertidumbre. La soberanía no es una palabra vieja.
No es una consigna ideológica. Es una regla básica para que el mundo no funcione según quién tiene más armas, más dinero o más poder. Por eso esto no se festeja. Esto se mira con cuidado.
Porque hoy pasa lejos…pero mañana puede pasar más cerca de lo que creemos. Hablar desde el temor no es debilidad. Es memoria. Es haber aprendido que cuando se naturaliza que el más fuerte decide por los demás, los pueblos siempre terminan pagando el precio. Defender la democracia también es animarse a decir:
- no todo vale.
- no de cualquier manera.
- no sin consecuencias.
- Incluso cuando duele.
- Incluso cuando asusta.
Por: Vanesa Alguibe